El Torrejón podría ser algo así como el símbolo de Soto. Al subir por la carretera de Logroño, llegar a este peñasco firme ante el paso del tiempo se siente como llegar al pueblo; es final de camino para los paseos de jubilados y veraneantes; hace muchas veces de barrera contra las nieblas que suben del valle.
El Torrejón es una especie de mirador natural y permite detener brevemente el coche. Lo más llamativo es el paisaje que lo rodea, que te traslada a los escenarios de las películas del Oeste clásico.
Habitualmente hay suerte y podemos contemplar la colonia de buitres que habita en estos parajes. Con unos primáticos podríamos localizar sus nidos, pero a simple vista podremos verlos volar a nuestra altura o por debajo de nuestros ojos a lo largo del cañón. Es un espectáculo que impresiona y merece la pena.
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